Dignidad en la derrota
Luis Enrique ganó el partido en el minuto 0. El asturiano puso a jugar a los mejores y evitó cualquier tipo de relajación en su plantilla. Con Messi y Neymar en el campo los blaugranas quedan fuera del alcance de casi todos los equipos del planeta, y eso evidentemente incluye al Rayo Vallecano. El Barça sabía que si rotaba demasiado lo mismo le metían mano en Vallecas, así que optó por evitar problemas de inicio.
El sello del equipo de Jémez se ha ganado el crédito y el respeto en esta liga. Una vez más, el Rayo Vallecano se mantuvo fiel a sus ideas, renunciando a propuestas mezquinas que no van con su forma de ser. Además, tampoco conducen a mejor puerto. Con sus limitaciones, los de Vallecas compitieron de manera notable en la primera media hora de juego. Incluso pusieron a prueba a Claudio Bravo, por complicado que parezca.
A partir de ahí el Barça primeró avisó y luego golpeó. En apenas un minuto Messi y Neymar encontraron una mina en la espalda de la zaga franjirroja. Morcillo y Ba tienen muchas, quizá excesivas, dificultades reculando. En un visto y no visto, los visitantes explotaron la circunstancia con dos zarpazos letales que cerraron el encuentro.
Pero los de Vallecas no le perdieron la cara al choque. Jémez apostó por Aquino y Manucho como revulsivos para la segunda parte, retrasando la posición de un Baena titánico y buscando más opciones por banda para buscar la remontada. Pero la imprudencia de Morcillo y la rigurosidad de Mateu Lahoz para con los pobres abortó cualquier opción.
El colegiado tiene fama de dialogante, pero la realidad es que habla con quien quiere. Con Unzué lo hizo cuatro minutos camino del túnel en el
descanso. Con Morcillo y Aquino fueron sólo diez segundos de charla para mandarlos a casa. Falsa inteligencia emocional del valenciano que ha tornado en rigidez para los pequeños y condescendencia para los poderosos.
La recta final perteneció a la grada. Vallecas se olvidó del resultado y volvió a demostrar que los valores de la franja se han ganado un puesto de honor en el fútbol europeo. Un sonido único y una actitud diferente para demostrar que el fútbol moderno tiene una contrapartida que funciona. Mientras Messi perdonaba la goleada y los aficionados blaugranas celebraban lo obvio, la gente del barrio hacía piña con los suyos y disfrutaba del momento bajo uno de sus principios fundamentales: dignidad en la derrota.




